jueves, 15 de marzo de 2012

2012

tema  del año: los estados  de la materia
materia y materiales

pregunta  del año:
¿cuál es tu perfil?

deseo del año:
aprovechar  el tiempo

el color blanco


En inglés hay dos palabras:
"blank": blanco como espacio. (por ejemplo, de "hoja en blanco" "blank sheet")
"white": el color,
Mientras que en español tenemos una sola.

El blanco (the blank) tiene larga tradición:

está el horror vacui medieval. eran aquellos espacios en blanco en una hoja que tenían que ser completados por dibujos. (“La naturaleza aborrece el vacìo”).

en la parte poética el blanco se empieza a desarrollar mucho en la poesía del siglo XX. Emily dickinson, por ejemplo, en su poesía. Lo toma en tanto concepto pero también como desarrollo visual. Utiliza guiones para enfatizar algunas palabras y un errático empleo de las mayúsculas. Sin normas en su escritura (¿lo blanco?). Hay una ambigüedad sintáctica y semántica:

Publicar -es la Subasta
De la Mente del Hombre-
La Pobreza -Justifica
Una cosa tan tonta
Es posible -pero nosotros- preferiríamos
Ir desde Nuestro Desván
Blanco -Al Blanco Creador
Ataviar -Nuestra Nieve-

Los Pensamientos pertenecen a Aquél que los dio-
Entonces -es Aquél quien soporta
Su Corpórea ilustración –Vende
El Aire Real
En el Envoltorio -Sé el Mercader
De la Gracia Divina-
Sin reducir el Espíritu Humano
A la Desgracia del Precio



la poesía concreta. aquí el blanco es un espacio vacío al tiempo que es un efecto visual. tiene mucho auge en Alemania en los 30s. Juega tanto con el significado como con lo visual de las palabras:


Ernst Jandl Schtzngrmm
video:
http://www.youtube.com/watch?v=ixgbtOcEgXg


Ernst Jandl (Autria):
poesía:

wanderung
vom vom zum zum
vom zum zum vom
von vom zu vom
vom vom zum zum
von zum zu zum
vom zum zum vom
vom vom zum zum
und zurück

(Traducción: la poesía se llama "caminata" y dice algo así como ("de a, de a, de a, ... y devuelta").


BLANCO
El gran malentendido
¿Le parece sacrílego preguntarse si el blanco es real -
mente un color?
–Es una pregunta muy moderna, no habría tenido
ningún sentido hace tiempo. Para nuestros
antepasados no había ninguna duda: el blanco era
un verdadero color. En las sociedades antiguas, se
definía lo incoloro como todo lo que no contenía
pigmentos: se trataba a menudo del tinte de base
antes de utilizarlo, el gris de la piedra, el marrón de
la madera en bruto, el crudo del tejido al natural.
Al convertir el papel en el principal soporte de textos
e imágenes, la imprenta introdujo una equivalencia
entre lo incoloro y el blanco, que pasó a ser
considerado como el grado cero del color, o como
su ausencia.
En nuestro vocabulario, el blanco está asociado a
la ausencia, a la falta: una página en blanco (sin tex -
to), una noche blanca (sin sueño), una bala blanca
(sin pólvora), un cheque en blanco (sin importe)... O:
“Me he quedado en blanco”.
–Son ciertas esas huellas en el lenguaje, pero en
nuestro imaginario asociamos espontáneamente el
blanco a la pureza y la inocencia. Sin duda porque
resulta relativamente más fácil hacer algo uniforme,
homogéneo y puro con lo blanco que con los demás
colores. En algunas regiones, la nieve ha fortalecido
este símbolo. Desde la Guerra de los Cien
Años, en los siglos XIV y XV, se enarbola una bandera
blanca para pedir el cese de hostilidades: el
blanco se oponía entonces al rojo de la guerra. Esta
dimensión simbólica es casi universal.
Virginidad... Sin embargo, contaba que las novias
vestían de rojo...
–Sí, antaño, en la época de los romanos, la virginidad
de una mujer no tenía la importancia que
luego se le dio. Con la institución definitiva del
matrimonio cristiano, en el siglo XIII, se hizo esencial,
por razones de herencia y genealogía, que los
críos que nacieran fuesen realmente hijos de su padre.
Desde finales del siglo XVIII, cuando los valores
burgueses se imponen sobre los valores aristocráticos,
se intima a las muchachas a que hagan
alarde de su virginidad. Y tuvieron que llevar vestidos
blancos.

Cultivamos una obsesión por el blanco: ¡ahora
hasta la ropa lavada tiene que quedar más blanca que
el blanco!
–Es cierto: buscamos el ultrablanco, un punto
en que lo simbólico coincide con lo material. Siempre
se ha buscado ir más allá del blanco. En la Edad
Media, el dorado desempeñaba esa función: la luz
muy intensa adquiría reflejos dorados, se decía.
Hoy, a veces se utiliza el azul para sugerir el más allá
del blanco: el freezer en la heladera (más frío que el
frío), los caramelos de menta superfuertes, o los glaciares
en azul en los mapas, sobre el fondo blanco
de la nieve...
El blanco es pureza, pero también la vejez...
–El blanco de la vejez, el de los cabellos canos,
indica serenidad, paz interior, sabiduría. El blanco
de la muerte y del sudario se reúne entonces con el
blanco de la inocencia y de la cuna. Como si el ciclo
de la vida empezase en el blanco, pasara por diferentes
colores y terminara en el blanco. Además,
en Asia y en una parte del Africa, es el color del
duelo.
La vida como recorrido dentro de los colores... Es
linda metáfora.. Hay otro símbolo: somos europeos, se
supone que tenemos la tez blanca.
–¡Eso es un código social! La blancura de la piel
siempre ha funcionado como una señal de reconocimiento.
En el pasado, los campesinos que trabajaban
al aire libre tenían la tez tostada y los aristócratas
consideraban obligado tener la piel lo menos
atezada posible para distinguirse bien de ellos. En
las sociedades de corte de los siglos XVII y XVIII se
embadurnaban con cremas para obtener una máscara
blanca, que algunas zonas resaltaban con rojo.
La expresión “sangre azul” se refiere justamente a
esta costumbre: tenían la cara tan pálida y translúcida
que se veían las venas, y algunos llegaban a redibujárselas
para que no los confundieran con los
labradores. En la segunda mitad del siglo XIX convenía
distinguirse de los obreros, que tenían la piel
blanca porque trabajaban en interiores. Para la elite,
llega la época de los baños de mar y la piel bronceada.
Y ante la mirada de otras sociedades, el llamarnos
a nosotros mismos “blancos”, ¿significa que tenemos la
ambición de creernos “inocentes”?
Los “blancos” nos consideramos inocentes,puros, limpios, a veces incluso divinos o sagrados.


El hombre blanco no es blanco, desde luego, como
tampoco lo es el vino blanco.
Pero estamos apegados a este símbolo que halaga
nuestro narcisismo. Los asiáticos, en cambio,
ven en nuestra blancura una evocación de la muerte:
les parece que el hombre blanco europeo tiene
una tez tan mórbida que aseguran que realmente
huele a cadáver.








Lo poético y ...
las MALAS PALABRAS
curado x Lucía Harari


Las malas palabras, por Ariel C. Arango

Te beso mil veces. Mi alma besa la tuya, mi pija, mi corazón, están enamorados de ti. Beso tu lindo culo y toda tu persona.

La cita corresponde a una carta amorosa de diciembre de 1745 (Lettres d’amour de Voltaire à sa nièce, París, 1957), escrita en italiano por Voltaire (1694-1778), el filósofo francés, traducida al castellano. Sustituyamos, (...) pene por pija y trasero por culo, y releamos el texto así modificado:

Te beso mil veces. Mi alma besa la tuya, mi pene, mi corazón están  enamorados de vos. Beso tu lindo trasero y toda tu persona.

Hemos modificado sólo dos palabras pero la atmósfera de la antigua y genuina carta se ha esfumado. (...) Ya no nos perturba ni incomoda de la misma manera.(...)
Hemos descubierto así, nada más y nada menos... ¡palabras tabú en nuestro mundo civilizado! 



DESASNE de Mónica Saint-Martin:

Malas Palabras - Juan Carlos Baglietto

Más aquí, o más allá / las cosas ocupan siempre su lugar / y al final, al final / la rueda jamás dejará de rodar.La razón sin fuerza / las malas palabras / los gritos de muchos / cuando tienen rabia / los hijos, la pizza / la gente que ama / las tetas, tu culo, / tu olor, tus entrañas.
Las manos que tocan / sin tener pudores / la furia, la sangre / la fe en los creadores / la música, el fuego / el rojo del vino / los bajos instintos / los altos valores / el olor del aire / el sudor, los tacos / la gola de algunos / míticos cantores / el fútbol, la risa / el sol de mañana / las camisas suaves / el ruido del agua / el gusto del whisky / perdón sin rencores / los cuadros de Berni / los buenos autores / los libros del ciego / los viejos olores / meter la cabeza / por tus corredores.
Y al final al final / el mundo se mueve hacia otro lugar / más aquí, o más allá / la vida te otorga otra oportunidad.
La muerte, las bombas / vengan de qué bando / de donde provengan / el miedo o el asco / la angustia, el choreo / las botas, los sables / el turco, el chamuyo / la sed, los cobardes / los que dicen siempre / cuidate, cuidate / quedate en contacto / pero no me llames / el amarillismo / la tv de chismes / las mesas redondas / los críticos de arte / los niños de ricos / que sienten tristeza / y los chicos pobres / que se cagan de hambre. / Los interventores / porteros y afines / las leyes de prepo / agentes del orden / el iva a la música / el lunes, el frío / el yenga, la artrosis / la culpa, el olvido / fundamentalistas / lúmpenes y traidores / mártires de día / soplones de noche.
Más aquí, o más allá / el mundo se mueve hacia otro lugar / y al final, al final / por fin la justicia nos redimirá.
Garúa, naranjo / Grisel, los mareados / Gardel, los redondos / el Cuchi, el Polaco / las nominaciones / las malas personas / la vida en reality / los discos de Arjona / El flaco, Piazzolla / Olmedo, el teatro / Lennon y McCartney / las madres de tantos / los jueces corruptos / caja de empleados / los ingresos brutos / el default y el pelado.
Y al final, al final / la rueda jamás dejará de rodar / más aquí, o más allá / la vida te otorga otra oportunidad.Los goles de comba / lo que nos dan tanto / todas las mujeres, / la risa y el llanto / el diezmo, las coimas / los malos presagios / los brutos ingresos / la Iglesia, el Senado / la fe, los amigos / los buenos presagios / las guitarras viejas / la vieja y el tango / los colonialistas / el hambre, las guerras / el culto a las drogas / venga de quien venga.
Los gritos de muchos / cuando tienen rabia / la razón la fuerza / las malas palabras.

Palabras de Amanda Berenguer

Hablar de poesía hoy y aquí – es hablar de la poesía – nada más
y nada menos – que ocupa por compromiso vital – el presente
civilizado – cotidiano y salvaje a un mismo tiempo – levantando
su cresta en esa gran ola de la cultura – que se mueve incesante
desde ahora – desde hace un rato – desde ayer – desde hace siglos
– desde hace milenios – y va hacia delante pegando saltos
en el vacío – imaginemos – hacia el futuro aparentemente virgen
– en esa extensión del presente continuo de la escritura – se
ubica la poesía – como tensora de vida – como aventura a todo
riesgo – como conocimiento revolucionario. Tiene un arma poderosa
“casi flor – casi transmutación de la materia”: la palabra.
Existe un aforismo de Leibnitz que dice: Natura non facit saltus.
Pero ¿qué del salto poético? La metáfora es un puente que
tiene uno de sus basamentos – el que está más allá – en un lugar
desconocido. Cuando lo transitamos se llega a otro sitio.
Aunque no sé cómo medir la vivencia poética. Emily Dickinson
reconocía lo poético cuando sentía “como si le arrancaran la cabeza”
– yo – a mi vez – siento que me recorre el cuerpo un escalofrío
que me eriza el pelo – es cuando la palabra te estremece
igual que la fiebre.
No sólo se siente de manera inmediata lo sensible – también se
llega a sentir lo inteligente – y entonces experimentamos vértigo.
El texto poético se gesta entre palabras (todas significantes) –
pero se hace flor viva – o cálculo infinitesimal sensible – en
nosotros mismos – ahí – en ese espacio interior donde se nos
aparece intenso y subyugante – por arte poética – que es casi lo
mismo que decir por arte de magia – al que se le hubiera mezclado
una dosis de ostinato rigore – así diría Leonardo da Vinci.
Buscar las palabras – como si nos fuéramos a enamorar de ellas
– amar – perseguir las palabras que nos empollan – todas las
palabras: las cotidianas, las humildes – las poderosas – las científicas
– las técnicas – las más jóvenes – las recién llegadas a la
tierra del diccionario – las de difícil compañía – sí – también
las malas palabras – las obsesas – las locas – las lunfardas – no
hay palabra que no pueda emplearse en el poema – ni objeto
que no pueda ser palabra de poesía.
“Descuartizada la forma – valgan las tripas – a cambio de la
apariencia.”
¿Pero hasta dónde pueden descuartizarse las formas sin matar?
Parecería que sólo el mensaje puede cumplirse – hacerse – convertirse
en acto – y pregunto: ¿el poema tiene mensaje? Pienso
que una aventura poética se cumple en sí misma – y luego larga
jugos – seudópodos – vectores de energía – cada vez más abundantes
– más activos – que llegan más lejos – como si hubieran
estado a presión dentro del poema – para llegar al otro – al receptor
(lector u oyente) – donde se termina de cumplir – no el
mensaje: sino algo mucho más importante que recibimos – la
vida misma del poema – el hálito estremecedor de la poesía.
(Escrito para el día mundial de la poesía – 21 de marzo 2004)entura a todo
riesgo – como conocimiento revolucionario. Tiene un arma poderosa
“casi flor – casi transmutación de la materia”: la palabra.
Existe un aforismo de Leibnitz que dice: Natura non facit saltus.
Pero ¿qué del salto poético? La metáfora es un puente que
tiene uno de sus basamentos – el que está más allá – en un lugar
desconocido. Cuando lo transitamos se llega a otro sitio.
Aunque no sé cómo medir la vivencia poética. Emily Dickinson
reconocía lo poético cuando sentía “como si le arrancaran la cabeza”
– yo – a mi vez – siento que me recorre el cuerpo un escalofrío
que me eriza el pelo – es cuando la palabra te estremece
igual que la fiebre.
No sólo se siente de manera inmediata lo sensible – también se
llega a sentir lo inteligente – y entonces experimentamos vértigo.
El texto poético se gesta entre palabras (todas significantes) –
pero se hace flor viva – o cálculo infinitesimal sensible – en
nosotros mismos – ahí – en ese espacio interior donde se nos
aparece intenso y subyugante – por arte poética – que es casi lo
mismo que decir por arte de magia – al que se le hubiera mezclado
una dosis de ostinato rigore – así diría Leonardo da Vinci.
Buscar las palabras – como si nos fuéramos a enamorar de ellas
– amar – perseguir las palabras que nos empollan – todas las
palabras: las cotidianas, las humildes – las poderosas – las científicas
– las técnicas – las más jóvenes – las recién llegadas a la
tierra del diccionario – las de difícil compañía – sí – también
las malas palabras – las obsesas – las locas – las lunfardas – no
hay palabra que no pueda emplearse en el poema – ni objeto
que no pueda ser palabra de poesía.
“Descuartizada la forma – valgan las tripas – a cambio de la
apariencia.”
¿Pero hasta dónde pueden descuartizarse las formas sin matar?
Parecería que sólo el mensaje puede cumplirse – hacerse – convertirse
en acto – y pregunto: ¿el poema tiene mensaje? Pienso
que una aventura poética se cumple en sí misma – y luego larga
jugos – seudópodos – vectores de energía – cada vez más abundantes
– más activos – que llegan más lejos – como si hubieran
estado a presión dentro del poema – para llegar al otro – al receptor
(lector u oyente) – donde se termina de cumplir – no el
mensaje: sino algo mucho más importante que recibimos – la
vida misma del poema – el hálito estremecedor de la poesía.
(Escrito para el día mundial de la poesía – 21 de marzo 2004)


desasne Juan M. Waimberg:
...

desasne de Juliana Ceci:
"El Desbarrancadero", Fernando Vallejo





Cuando le abrieron la puerta entró sin saludar, subió la escalera, cruzó
la segunda planta, llegó al cuarto del fondo, se desplomó en la cama y
cayó en coma. Así, libre de si mismo, al borde del desbarrancadero de
la muerte por el que no mucho después se habría de despeñar, pasó los
que creo que fueron sus únicos días en paz desde su lejana infancia.
Era la semana de navidad, la más feliz de los niños de Antioquia. ¡Y qué
hace que éramos niños! Se nos habían ido pasando los días, los años, la
vida, tan atropelladamente como ese río de Medellín que convirtieron
en alcantarilla para que arrastrara, entre remolinos de rabia, en sus
aguas sucias, en vez de las sabaletas resplandecientes de antaño, mierda,
mierda y más mierda hacía el mar.
Para el año nuevo ya estaba de vuelta a la realidad: a lo ineluctable, a
su enfermedad, al polvoso manicomio de su casa, de mi casa, que se
desmoronaba en ruinas. ¿Pero de mi casa digo? ¡Pendejo! Cuánto hacía
que ya no era mi casa, desde que papi se murió, y por eso el polvo,
porque desde que él faltó ya nadie la barría. La Loca había perdido con
su muerte más que un marido a su sirvienta, la única que le duró. Medio
siglo le duró, lo que se dice rápido.
Ellos eran el espejo del amor, el sol de la felicidad, el matrimonio perfecto.
Nueve hijos fabricaron en los primeros veinte años mientras les
funcionó la máquina, para la mayor gloría de Dios y de la patria. ¡Cuál
Dios, cuál patria! ¡Pendejos!
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Dios no existe y si existe es un cerdo y Colombia un matadero. ¡Y yo
que juré no volver! Nunca digas de esta agua no beberé porque al ritmo
a que vamos y con los muchos que somos el día menos pensado estaremos
bebiendo todos el aguamierda de ese río. Que todo sea para la
mayor gloría del que dije y la que dije. Amén.
Volví cuando me avisaron que Darío, mi hermano, el primero de la infinidad
que tuve, se estaba muriendo, no se sabía de qué. De esa enfermedad,
hombre, de maricas que es la moda, del modelito que hoy se
estila y que los pone a andar por las calles como cadáveres, como fantasmas
translúcidos impulsados por la luz que mueve a las mariposas.
¿Y que se llama cómo? Ah, yo no sé. Con esta debilidad que siempre he
tenido yo por las mujeres, de maricas nada sé, como no sea que los
hay de sobra en este mundo incluyendo presidentes y papas. Sin ir más
lejos de este país de sicarios ¿no acabamos pues de tener aquí de Primer
Mandatario a una Primera dama? Y hablaban las malas lenguas
(que de esto saben más que las lenguas de fuego del Espíritu Santo) de
la debilidad apostólica que le acometió al Papa Pablo por los chulos o
marchette de Roma. La misma que me acometió a mí cuando estuve
allá y lo conocí, o mejor dicho lo vi de lejos, un domingo en la mañana
y en la plaza de San Pedro bendiciendo desde su ventana.
¡Cómo olvidarlo! Él arriba bendiciendo y abajo nosotros el rebaño aborregados
en la cerrazón de la plaza. En mi opinión, en mi modesta opinión,
bendecía demasiado y demasiado inespecíficamente y con demasiada
soltura, como si tuviera la mano quebrada, suelta, haciendo en el
aire cruces que teníamos que adivinar.
Como notario que de tanto firmar
daña la firma, de tanto bendecir Su Santidad había dañado su bendición.
Bendecía desmañadamente, para aquí, para allá, para el Norte,
para el Sur, para el Oriente, para el Occidente, a quien quiera y a quien
le cayera, a diestra y siniestra, a la diabla. ¡Qué chaparrón de bendiciones
el que nos llovió! Esa mañana andaba Su Santidad más suelto de la
manita que médico recetando antibióticos.

Toqué y me abrió el Gran Güevón, el semiengendro que de último hijo
parió la Loca (en mala edad, a destiempo, cuando ya los óvulos, los genes,
estaban dañados por las mutaciones). Abrió y ni me saludó, se dio
la vuelta y volvió a sus computadoras, al Internet. Se había adueñado
de la casa, de esa casa que papi nos dejó cuando nos dejó de paso este
mundo. Primero se apoderó de la sala, después del jardín, del comedor,
del patio, del cuarto del piano, la biblioteca, la cocina y toda la segunda
planta incluyendo los cuartos los techos y en el techo la antena del televisor.
Con decirles que ya era suya hasta la enredadera que cubría por
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fuera el ventanal de la fachada, y los humildes ratones que en las noches
venían a mi casa a malcomer, vicio del que nos acabamos de curar
nosotros definitivamente cuando papi se murió.
-¿Y este semiengendro por qué no me saluda, o es que dormí con él?
No me hablaba desde hacía añales, desde que floreció el castaño. Se le
había venido incubando en la barriga un odio fermentado contra mí,
contra este amor, su propio hermano, el de la voz, el que aquí dice yo,
el dueño de este changarro. En fin, qué le vamos a hacer, mientras Darío
no se muriera estábamos condenados a seguirnos viendo bajo el
mismo techo, en el mismo infierno. El infiernito que la Loca construyó,
paso a paso, día a día, amorosamente, en cincuenta años. Como las
empresas sólidas que no se improvisan, un infiernito de tradición.
Pasé. Descargué la maleta en el piso y entonces vi a la Muerte en la escalera,
instalada allí la puta perra con su sonrisita inefable, en el primer
escalón. había vuelto. Si por lo menos fuera por mí... ¡Qué va! A este
su servidor (suyo de usted, no de ella) le tiene respeto. Me ve y se
aparta, como cuando se tropezaban los haitianos en la calle con Duvalier.
-No voy a subir, señora, no vine a verla. Como la Loca, trato de no subir
ni bajar escaleras y andar siempre en plano. Y mientras vuelvo cuídese
y me cuida de paso la maleta, que en este país de ladrones en un
descuido le roban a uno los calzoncillos y a la Muerte la hoz. Y dejé a la
desdentada cuidando y seguí hacía el patio. Allí estaba, en una hamaca
que había colgado del mango y del ciruelo, y bajo una sábana extendida
sobre los alambres de secar ropa que lo protegía del sol.
-¡Darío, niño, pero si estás en la tienda del cheik!
Se incorporó sonriéndome como si viera en mí a la vida, y sólo la alegría
de verme, que le brillaba en los ojos, le daba vida a su cara: el resto
era un pellejo arrugado sobre los huesos y manchado por el sarcoma.
-¡Qué pasó, niño! ¿Por qué no me avisaste que estabas tan mal? Yo llamándote
día tras día a Bogotá desde México y nadie me contestaba.
Pensé que se te había vuelto a descomponer el teléfono.
No, el descompuesto era él que se estaba muriendo desde hacía meses
de diarrea, una diarrea imparable que ni Dios Padre con toda su omnipotencia
y probada bondad para con los humanos podía detener. Lo del
teléfono eran dos simples cables sueltos que su desidia ajena a las llamadas
de este mundo mantenía así en el suelo mientras flotaba rumbo
al cielo, contenida por el techo, una embotada nube de marihuana que
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se alimentaba a si misma. El teléfono tenía arreglo. Él no. Con sida o
sin sida era un caso perdido. ¡Y miren quién lo dice!
-Abre esas ventanas, Darío, para que salga esta humareda que ya no
me deja pensar.
No, no las abría. Que si las abría entraba el viento frío de afuera. Y seguía
muy campante en la hamaca que tenía colgada de pared a pared.
¡Qué desastre ese apartamento suyo de Bogotá! Peor que esta casa de
Medellín donde se estaba muriendo. Nada más les describo el baño.
Para empezar, había que subir un escalón. Y este escalón aquí para
qué? ¡Maestros de obra chambones!
¿En qué cabeza cabía hacer el baño un escalón más alto que el resto
del tugurio? Me tropezaba con el escalón al entrar, y me iba de bruces
sobre el vacío al salir.
-¡Hijueputa dos veces el que lo construyó! Una por su madre y otra por
su abuela.
El baño no tenía foco, o mejor dicho foco sí, pero fundido, y cuánto
hace que se acabó el papel higiénico.
Desde los tiempos de Maricastaña y el maricón Gaviria. Y ojo al que se
sentara en ese inodoro: se golpeaba las rodillas contra la pared. Ya quisiera
yo ver a Su Santidad Wojtyla sentado ahí. O bajo la regadera, un
chorrito frío, frío, frío que cala gota a gota a tres centímetros del ángulo
que formaban las otras dos paredes heladas.
El golpe ya no era sólo en las rodillas sino también en los codos cuando
uno se trataba de enjabonar.
¿Pero jabón?
-¡Darío, carajo, dónde está el jabón!
Jabón no había. Que se acabó. También se acabó. Todo en esta vida se
acaba. Y ahora el que se estaba acabando era él, sin que ni Dios ni nadie
pudiera evitarlo.
Se incorporó con dificultad de la hamaca del jardín para saludarme, y al
abrazarlo sentí como si apretara contra el corazón un costalado de huesos.
Un pájaro cortó el aire seco con un llamado inarmónico, metálico:
«¡Gruac! ¡Gruac! ¡Gruac!». O algo así, como triturando lata. Que iba
graznando del mango al ciruelo, del ciruelo a la enredadera, de la enredadera
al techo, sin dejarse ver.
-Hace días que trato de verlo -comentó Darío-, pero no sé dónde está,
se me esconde.
-Ya conozco a todos los pájaros que vienen aquí, menos ése.
En este punto recuerdo que un año atrás había subido con papi al edificio
de al lado, recién terminado, a conocer sus apartamentos que acababan
de poner en venta, y que vi por primera vez desde arriba el jar
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dincito de mi casa: un cuadradito verde, vivo, vivo, al que llegaban los
pájaros. Uno de los últimos que quedaban en ese barrio de Laureles cuyas
casas habían ido cayendo una a una a golpes de piqueta compradas
y tumbadas por la mafia para levantar en sus terrenos edificios mafiosos.
-¿Y a quién le piensan vender tantos apartamentos? -le pregunté a papi.
-No hay a quién -me contestó-. Hoy por hoy aquí sólo hay ricos muy ricos
y pobres muy pobres. Y los ricos no venden porque los pobres no
compran.
-Los pobres jamás compran -comenté-: Roban. Roban y paren para que
vengan más pobres a seguir robando y pariendo. Menos mal papi que
ya te vas a morir y a escapar de ver tumbada tu casa.
-¡Qué va! El que se va a morir es este siglo que está muy viejo. Yo no.
Pienso enterrar al milenio y vivir hasta los ciento quince años. O más.
-¿Ciento quince años bebiendo aguardiente? No hay hígado que resista.
-¡Claro que lo hay! El hígado es un órgano muy noble que se renueva.
Tres meses después yacía en su cama muerto, justamente porque el hígado
no se le renovó. ¡Qué se va a renovar! Aquí los únicos que se renuevan
son estos hijos de puta en la presidencia. Pobre papi, a quien
quise tanto. Ochenta y dos años vivió, bien rezados. Lo cual es mucho
si se mira desde un lado, pero si se mira desde el otro muy poquito.
Ochenta y dos años no alcanzan ni para aprenderse uno una enciclopedia.
-¿O no, Darío? Tenemos que aguantar a ver si acabamos de remontar
la cuesta de este siglo que tan difícil se está poniendo. Pasado el 2000
todo va a ser más fácil: tomaremos rumbo a la eternidad de bajada.
Hay que creer en algo, aunque sea en la fuerza de la gravedad. Sin fe
no se puede vivir.
Entonces, mientras yo lo veía armar un cigarrillo de marihuana, me
contó cómo se había precipitado el desastre: a los pocos días de estarse
tomando un remedio que yo le había mandado de México empezó a subir
de peso y a llenársele la cara como por milagro. ¡Qué milagro ni qué
milagro! Era que había dejado de orinar y estaba acumulando líquidos:
después de la cara se le hincharon los pies y a partir de ese momento
la cosa definitivamente se jodió porque ya no pudo ni caminar para subir
a ese apartamento suyo de Bogotá situado en el pico de una falda
coronando una montaña, tan, tan, tan, tan alto que las nubes del cielo
se confundían con sus nubes de marihuana. De inmediato comprendí
qué había pasado. La fluoximesterona, la porquería que le mandé, era
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un andrógeno anabólico que se estaba experimentando en el sida dizque
para revertir la extenuación de los enfermos y aumentarles la masa
muscular. En vez de eso a Darío lo que le provocó fue una hipertrofia
de la próstata que le obstruyó los conductos urinarios. Por eso la acumulación
de líquidos y el milagro de la rozagancia de la cara.
-Hombre, Darío, la próstata es un órgano estúpido. Por ahí empiezan
casi todos los cánceres de los hombres, y como no sea para la reproducción
no sirve para nada. Hay que sacarla. Y mientras más pronto
mejor, no bien nazca el niño y antes de que madure y se reproduzca el
hijueputica. Y de paso se le sacan el apéndice y las amígdalas. Así, sin
tanto estorbo, podrá correr más ligero el angelito y no tendrá ocasión
de hacer el mal.



BONUSES DEL FORO!!!

"conchuda en Bolivia es suertuda"
---
“(…) El que gane este miércoles puede gritar: "Mierda! que suerte que tengo!", ya que estamos en el mes de las malas palabras.
Después me llama y me dice "Que hacés boluda, gané, ahora como carajo hago?" Y buscamos juntos los horarios a conveniencia. Como Hola Susana pero a las puteadas.”


---
“algunas puteadas ocurrentes del futbol argentina….hay 2 o 3 que son supremas:”

Gerlo, correte que están jugando al fútbol

Castroman cerrá el paracaidas la puta que te parió!

krupoviesa en tu casa hasta los muebles usan canilleras burrooooo

Ese Krupoviesa le ponés dos medias de distinto color y se caga a patadas solo

Che 9, hace de cuenta que estas en Esperanto y encarate a alguien FORRO

Balsas, movete que te va a mear un perro!!

PIZZI PERROOOOO, SOS MAS INUTIL QUE LA PRIMERA REBANADA DEL BIMBO

Falcioni devolvele la cara al perro!!

el arquero de gillete ataja mejor que luchetti

Juez, dejalo morir que es biodegradable!!

Fabbiani!!!, tenes menos pique que el riachuelo, hijo de putaaa!!!!

Fabbiani en el piso: "Tírenle agua que se seca la ballena!"

hay que patear al arco, a este arquero le tiras con un colchon y es gol

sacale la caja a los botines para jugar muertooo

El 11 tiraba los centros a la tribuna y de la tribuna baja un:La próxima tirala autografiada!!!

4, no te conoce ni tu vieja. Cuando te llama a comer te grita: Cuatro a comer!!!

Te putearía pero no se quien sos (escuchado en ARGS, CASLA)

Baldassi sietemecino, volvete dos meses a la concha de tu madre!

"Patiño, devolvele la cara al cuco"

Ahumada, ya te aprendiste los numeros de todos, ahora sacales la pelota!!

9! chupame la pija! chupame la pija 9! (cuando se acerca el 11 a patear un
corner) 11, decile al 9 que me chupe la pija

Delorte pasate a nafta hijo de puta!

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LA RESPUESTA 
“La cancha es una usina de ingenio para el insulto y la descalificación, muchas veces tenebrosa.
Una que me impresionó cuando era chico es el grito de: tapalo con un diario! ante un adversario caído en el campo de juego, lesionado.
Venían a mí esas fotos de policiales de Crónica que me aterraban.
Otro: Luchetti, doná los órganos, sos un muerto hijo de puta!”





"Sol ultimo y lejano. Maravilla poniente"De Juan l. Ortiz, "Antologia poética":

Mientras que en el renacimiento, existía la necesidad de crear utopías, los de nuestra época debemos crear fábulas

Francis Alys.

…Por lo mismo, me gusta ser perfectamente clara cuando hablo. Me gusta ser una casa de vidrio. Mi obra no tiene máscaras y por eso, como artista, lo único que puedo compartir con los demás, es esta transparencia.
Louise Bourgeois


Julieta Ortiz hasta el 31/1 en Le Bar

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el sotano de malena

yo soy de barro y loca.

soy barroca.

adelia prado


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Las manifestaciones del cuerpo son una epifanía móvil de lo sagrado.
Marosa de Giorgio
Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez.
Baudelaire

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